PIÉRDETE!

Tuvieron que pasar 10 años para hacer lo que me llevaba rondando en la cabeza durante ya demasiado tiempo: pasar de todo e irme a vivir a una granja.

Inciso: Aquí es cuando se aplica lo de no hacer caso a opiniones ajenas. No sirven para nada más que para desviarte de tus verdaderos propósitos. Haz lo que tengas que hacer o, al menos, inténtalo.

El fin de un contrato de trabajo en Londres fue la excusa perfecta para irme de forma temporal. Empaqué todas mis cosas con la idea de volver en unos meses….y nunca lo hice.

Tardé un bus, un avión, otro bus, un tren y un coche en llegar a mi destino: Svenshögen.

En Wikipedia pone 421 habitantes. Creedme que, en los meses que estuve allí, no vi a más de 15 personas juntas.

Así, pasé de vivir en todo el meollo moderno a encontrarme en una casa de madera roja en medio de la nada.

La casita de madera roja bajo un sol brillante

Entiéndase “nada” como “espacio escaso de presencia de humanos y cosas relacionadas con ellos”. Porque de “nada” había poco.

En realidad, mirase donde mirase, había algo que ver o escuchar: el agua del rio, los ciervos en celo, renos paseando por el campo…

El refugio perfecto de cualquier misántropo que se precie

No recuerdo sentirme sola. El bosque siempre hace buena compañía.

Además, compartía la casa con otros “huidos” de distintos países, como suele pasar en este tipo de situaciones. Gente de varios países con ideas similares, y con la que compartí muy buenos momentos.

Sí que recuerdo el sonido del silencio, que es de las cosas que más echo de menos de ese lugar.

Me podía tirar horas sentada a los pies del lago, una inmensa masa de agua que parecía no tener ni principio ni fin, enganchada a su tranquilidad y quietud.

Mis visitas a la civilización eran más bien escasas, sin coche no era fácil llegar a ella.

Llegó un punto en el que andar sobre asfalto o adoquines se me hacía raro.  El ruido de la ciudad me cansaba rápido. Descubrí lo absurdo y frágil que es el concepto de “supermercado”.

El placer de cocinar con lo que nos daba la tierra cada día, fuera lo que fuera.

Pero reconozco que también echaba de menos cosas mundanas, como pintarme las uñas de colores, o ponerme rimel, o no estar todo el día llena de barro.

Intentar vivir al margen de todo es prácticamente imposible, pero creo que nunca estuve más cerca de lograrlo.

El sistema nos tiene bien amarraditos a casi todos.

Admiro a la gente que lo ha conseguido de verdad.

Han entendido mucho mejor de qué va todo esto.

La tranquilidad

Escrito por Carol Torres

Carol colabora con Mayya Papaya en Foodisms porque cree que hace falta hablar más sobre la la alimentación sostenible. Además, es copywriter y otras muchas cosas más.